Artículo LUMINE

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E.C.C Minerva Dávila Santos
Contorno de Ojos: Estructura Bioquímica y Características

La piel está diseñada para cumplir diversas funciones de soporte morfológico; está compuesta principalmente por proteínas, que genéticamente tienden a formar una retícula fibrosa, flexible y resistente al estiramiento, compresión y cortadura. Todo esto es posible gracias a las fibras que la conforman, principalmente, el colágeno, la elastina y la reticulina, que se agrupan en paquetes, formando un sistema reticulado altamente resistente, donde la distribución se proyecta en todas direcciones. La tendencia de esta formación no es meramente por capricho, sino que está perfectamente organizada y pertenece a una formación normativa que proviene de los ácidos nucleicos.


Anatómicamente, existen diferencias entre las distintas áreas de piel de nuestro cuerpo, ya que cada zona requiere de un tratamiento diferente de acuerdo a sus características; en este sentido, por ejemplo, la piel que rodea los ojos tiene una epidermis 5 veces más fina que la piel del rostro, con un espesor alrededor de un 0.1mm, variando hasta 0.5mm. Es la zona de piel más delgada del cuerpo, con un número menor de hileras de células en comparación con otras zonas, y a su vez con más glándulas sudoríparas que sebáceas.


En su estructura, el tejido epitelial constituye una capa relativamente delgada; el estrato córneo está bien desarrollado, también el estrato granuloso está presente; el estrato mucoso está formado de tres o cuatro capas de células; y, por último, el estrato germinativo que descansa sobre una membrana basal.

Entre las glándulas que podemos encontrar en la zona de contorno de ojos están:
• Las glándulas de Meibomio.
• Las glándulas de Moll.
• Las glándulas ciliares de Zeis.
Las glándulas de Meibomio.
Son glándulas sebáceas, de forma alargada; ocupan toda la altura del párpado ya que están dispuestas verticalmente en paralelo entre sí; son alrededor de treinta y cuarenta para el párpado superior y alrededor de veinte para el inferior; su función es la de secretar sebo, que se vierte para evitar el desbordamiento de las lágrimas y poder hacer un cierre hermético de los párpados, al facilitar la lubricación en el deslizamiento de estos; y también para evitar que las lágrimas maceren la piel.

Las glándulas de Moll

Son glándulas sudoríparas apocrinas modificadas; su distribución es paralela a la situación del vello del cuerpo; podemos encontrarlas en gran número en el margen o borde del párpado del ojo. Son relativamente grandes y de forma tubular, y empiezan su función a partir de la pubertad y declinan en la vejez; comienzan a funcionar más pronto en la mujer que en el hombre, puesto que existe mayor cantidad en las mujeres que en los hombres.

Las glándulas de Zeiss.

Son glándulas que segregan lípidos, que se abren en los folículos que producen las pestañas; tiene una tensión superficial elevada, que otorga estabilidad a la película y disminuye la evaporación de la capa acuosa lagrimal.
La deformación transitoria es directamente proporcional a la fuerza que la produce (Ley de Hooke)
A esta ley obedece la deformación vizcoelástica de un sistema como el tejido conectivo: cuando un objeto es sometido a fuerzas externas, sufre deformaciones.
La Ley de Hooke se aplica a materiales elásticos hasta el límite denominado: Límite de elasticidad.
Y si hablamos de elasticidad, en definitiva, la piel como tejido conectivo en general, es elástica, gracias a sus fibras de colágeno y elastina; así mismo, la zona de contorno de ojos lo es, aún cuando está provista de un menor número de fibras proteicas que le restan elasticidad y firmeza, así como menos glándulas sebáceas y sudoríparas que minimizan la capacidad de protección natural.
El colágeno se produce durante toda la vida del individuo; las variaciones se vuelven significativas de acuerdo a su edad.
La elastina, sin embargo, no se produce de la misma manera con el paso del tiempo, su síntesis va disminuyendo poco a poco hasta que, a un determinado tiempo, se vuelve tan deficiente que no cubre las necesidades requeridas por la piel, siendo muy difícil su recuperación.
Así, al no poder producirse más elastina, las fibras de colágeno se vuelven más flexibles provocando flacidez y la aparición de líneas de expresión.
En este comportamiento del tejido cutáneo radica, fundamentalmente, la génesis de las arrugas que se forman en el rostro de las personas de edad media y avanzada.

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