Artículo Accessalud

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Serie bella por fuera, sana por dentro
Viviendo en la Imagen de mi Ser
María José Tamayo
Maestra en Salud Pública

Las mañanas eran mi momento favorito del día. Especialmente, ese estado antes de despertar donde me encontraba entre consciente e inconsciente. Ahí por unos minutos, podía ser libre. Pero luego, me levantaba y regresaba a mi lujosa prisión con sábanas de seda y ventanas blindadas.

Una vez que despertaba, suspiraba y tomaba energías de los pocos lugares de donde podía, para empezar el largo proceso de arreglarme. Siempre me habían dicho que ser hombre era más fácil porque uno no se necesitaba arreglar tanto. Pero esto era un mito para mí o, al menos, no era la manera en la que funcionaba en mi círculo social. Todas las mañanas, mi ritual constaba de rasurarme la cara y a veces hasta el pecho, si es que ya había crecido demasiado el pelo de esa zona.

Después me bañaba y luego tenía que escoger unos pantalones de mis diseñadores favoritos que combinara bien con mi uniforme. Finalmente, tenía que arreglar mi pelo con cera y bañarme en la loción que mi mamá siempre me traía de su último viaje a Francia. Después de arreglarme y desayunar brevemente un jugo de naranja y un pan tostado, que Mari amablemente preparaba para mí, salía del «palacio», cruzaba la fortaleza entre la calle y el «castillo», y me subía a mi gran camioneta blindada. De ahí, mi chofer, José, «navegaba» por el tráfico durante una hora para que llegara a mi segunda prisión: la escuela.

Aquí, como pavorreales, se bajaban en parvadas, chicos que se veían exactamente igual que yo. Era como si mi existencia se viera multiplicada y de pronto, yo solo me volvía uno más de la masa privilegiada. Y esta masa me absorbía. Para encajar, tenía que hablar con cierto tono, usar cierto vocabulario, moverme de maneras muy específicas, y tener intereses que estaban aprobados por mi «bandita de bros».

Toda mi vida había sido así y, aunque me molestaba, nunca la cuestioné por miedo a ser rechazado. Hasta que un día conocí a Héctor, el profesor de deportes. Héctor era un aficionado a las artes marciales y tenía intenciones de ponernos en forma. Yo me acerqué a él porque siempre había querido ser más fuerte y hacer algo que fuera diferente a los demás. En cierta forma, estaba buscando a mi identidad y una imagen que se adaptara más a mi persona.

Pero lograr esto no sería nada fácil, ya que en cuanto llegó Héctor le empezaron a decir «el naco» y, por extensión, yo sería también un naco si me veían conviviendo mucho con él. Así es que yo tenía que entrenar con él a escondidas todas las tardes después de la escuela.

Las tres horas en las que Héctor me enseñaba Jiujitsu era mi momento favorito del día. Por primera vez me podía expresar como yo quería, mover como dios manda, y no estar en constante estrés de cómo me veía. Por primera vez en mi vida me sentía vivo.

Me metí tanto al jiu-jitsu que diario pasaba horas entrenando con Héctor y también haciendo pesas. Estaba determinado a volverme un campeón de este arte marcial, y para esto tenía que aumentar significativamente mis músculos. Así es que empecé a tomar muchas malteadas de proteína y otros suplementos que harían que, en poco tiempo, lograra alcanzar mi meta. Sin embargo, conforme más entrenaba, más débil me ponía y peor me sentía.

Después de algunos meses en que no avanzaba, me di por vencido en mi misión por volverme campeón de jiu-jitsu y me deprimí. Sentí que mi vida no tenía ningún sentido, que solo era un miembro más de las élites, sin ningún verdadero valor en la vida. En esos meses, me deterioré mucho. Perdí bastante peso y mi salud estaba mal en general. Me la pasaba en fiestas, bebiendo y, en general, no podía sentir..., nada.

Un día fui a visitar a mi abuelita, que era la única persona que realmente me escuchaba y me veía. Después de solo 5 minutos de estar conmigo, se preocupó mucho y me hizo una cita con su doctor de confianza, el Dr. Tamayo. Yo no podía entender porque necesitaba ver a un especialista en metabolismo mineral para mis males, ya que parecía que mi problema era más algo psicológico. Pero me llevé una gran sorpresa al ir con el Dr. Tamayo y su equipo de Accessalud.

Me hicieron unos estudios de composición corporal, de los huesos y una química sanguínea. Unos días después, regresé a ver al Dr. Tamayo y me hizo entender que la razón por la que yo no había podido aumentar mi masa muscular era porque tenía unos desórdenes en mis huesos y mi metabolismo que afectan este proceso. También resultó que estaba intoxicado con metales pesados, lo cual estaba contribuyendo a mi depresión y baja energía.

Hoy, meses después de estar yendo con el Dr. Tamayo y su equipo, me siento más fuerte física y mentalmente. Realmente, nunca había puesto atención a mi salud por estar preocupado de la imagen que proyectaba al mundo. Y esta imagen perfecta a la que muchos aspiramos, no puede ser posible sin antes dar un vistazo dentro de nosotros. Yo pensé que moriría antes de ir con el Dr. Tamayo y su equipo. Hoy por primera vez en mi vida siento ganas de vivir al máximo. Y esto es porque me siento saludable y contento conmigo mismo; y la imagen perfecta, ya no me importa tanto.

Miguel, 19 años

¿Qué le pasó a Miguel desde un punto de vista clínico?

De una manera u otra, vivimos en una sociedad en la que muchos aspiramos a proyectar cierta imagen a los demás. Muchas veces, esta imagen ni siquiera es algo que nosotros elegimos; puede ser producto de lo que nuestros padres eligieron, nuestro círculo social dicta o una rebeldía hacia la imagen que se nos impone. Independientemente del origen, en lo que resulta esto es en que muchas personas basan su dignidad en llegar a esa imagen y se les olvida ver hacia dentro. Esto afecta a personas de todas edades, clases y sexo, en diferentes magnitudes. El caso de Miguel es un ejemplo de cómo puede ser peligroso vivir con el único propósito de alcanzar esa imagen. Para entender mejor lo que le pasó a Miguel, el Dr. Tamayo respondió a nuestras preguntas.

¿Por qué el problema de Miguel fue físico y no solamente psicológico?

Miguel sufría de una depresión por una violación a su dignidad por parte de la mayoría de la gente que lo rodeaba. Esto es porque él no sentía que los demás lo consideraran por su valor como persona y más bien sí por la imagen que proyectaba. Él, al estar tratando de alcanzar esa imagen, descuidó también su dignidad, al no escuchar a su cuerpo y a lo que en verdad quería hacer en su vida. Por esta razón, es innegable que Miguel sufrió de una depresión causada por desórdenes psicológicos. Sin embargo, la intoxicación por metales pesados que sufría Miguel también estaba contribuyendo a su depresión, alterando hormonas y químicos en su cerebro que regulan sus emociones; esta intoxicación coadyuvó a aumentar el sentimiento de malestar general en Miguel, como baja energía y dolor. En el organismo, todo está ligado. Así es que, por lo general, lo psicológico de una manera u otra, puede estar relacionado con la parte física.

¿Qué es la intoxicación por metales pesados y por qué Miguel sufría de esto?

La intoxicación por metales pesados, como el plomo, el cadmio, el mercurio, etc., se da cuando hay niveles altos de estos en el cuerpo; algunos, como el plomo, no se pueden desechar del cuerpo y poco a poco se van acumulando en el organismo. Esto tiene consecuencias importantes neurológicas y en el metabolismo, incluyendo el de los huesos.

Neurológicamente, los metales pesados afectan al sistema nervioso y, por consiguiente, a la química del cerebro. Algunos neurotransmisores como la serotonina y la dopamina, que son responsables de generar sentimientos de optimismo, felicidad y bienestar, se ven afectados por niveles altos de algunos de estos metales. En consecuencia, esto puede causar que una persona intoxicada con metales pesados sufra de depresión.

Por otro lado, en los huesos, los metales pesados se vuelven parte del proceso de remodelado óseo. Esto causa que el hueso se vuelva muy denso y a su vez mucho más frágil. Aparte, la hiperdensidad ósea puede llevar a tener síntomas como dolores de huesos, articulaciones y músculos.

Miguel tenía una intoxicación de metales pesados porque tenía una predisposición genética y probablemente también por el consumo de estos metales, ya sea por medio del agua o algún alimento. El aire de la Ciudad de México también contiene metales pesados que respiramos día a día y se van acumulando en nuestro organismo. Debido a que hay varias fuentes de donde uno puede estar ingiriendo metales pesados sin estar consciente, es importante que revisemos nuestros niveles de metales pesados rutinariamente.

¿Qué tratamiento le dieron a Miguel para la desintoxicación de metales pesados?

Inicialmente, a Miguel se le dio un tratamiento para que se deshiciera de los excesos de algunos metales pesados. Una vez que terminó esta fase de tratamiento, nos enfocamos en regular el metabolismo de sus huesos para que el proceso de remodelación ósea se normalizara.

¿Cómo ayudo que Miguel ya no tuviera intoxicación por metales pesados y mejorara la salud de sus huesos para crecer y ponerse más fuerte?

Al deshacernos de los metales pesados y mejorar la salud de sus huesos, el metabolismo de Miguel pudo funcionar saludablemente. Esto significa que los huesos pudieron recuperar su elasticidad y su fuerza, lo cual hizo que Miguel ganara estatura. Por otro lado, al tener huesos saludables, también se pudo ganar masa muscular debido a que los huesos ya no tuvieron que chupar minerales de los músculos para su proceso de remodelación, entre otros factores. En general, es importante recordar que hay un balance muy importante entre los músculos, la grasa y los huesos. Si el metabolismo de uno de estos se altera, puede tener repercusiones muy importantes en los otros, y en la salud del organismo en general.

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